La importancia de Inteligencia Emocional para los Abogados

Desde hace años venimos diciendo y escuchando que “el mundo está cambiando”, y una pandemia global efectivamente vino a ponernos frente a frente con el cambio.

Nuevos paradigmas (colaborativos), nuevas formas de hacer y de ser, devinieron necesarias y urgentes. 

Tuvimos que adaptarnos a esta nueva realidad.

La abogacía está cambiando… es algo que venimos diciendo en este ultimo tiempo. 

La invitación es prepararnos a ese cambio, y que no nos sorprenda un cambio repentino como nos pasó con la pandemia. 

¿Cómo? Es la pregunta que se impone.

Con innovación, sin dudas es una respuesta. 

¿Cómo innovar?

Con inteligencia emocional es mi propuesta.

 

Ya en 1995 Daniel Goleman en su bestseller  “La Inteligencia Emocional” anuncia la fundamental importancia del desarrollo de la Inteligencia Emocional como factor clave para “el éxito”. 

Como abogados nos enfrentamos a un escenario donde, por un lado, la oferta de profesionales es cada vez mayor, y por otro, el cliente está cada vez más informado y espera más de nosotros; mientras tanto la inteligencia artificial avanza, como amenaza para algunos, como oportunidad para otros, prometiendo hacerse cargo de problemáticas legales. 

Lo cierto es que con saber técnico y ofreciendo servicios tradicionales ya no alcanza. 

El cliente no quiere pagarnos honorarios solo porque estudiamos una carrera de grado y lo dice el código arancelario. El cliente espera más de nosotros, espera un valor agregado que el desarrollo de la Inteligencia Emocional puede darnos.

Desarrollar nuestra Inteligencia Emocional, implica: 

  • Consciencia de las propias emociones 
  • Consciencia de las emociones de los demás
  • Autenticidad
  • Razonamiento Emocional
  • Autogestión emocional
  • Inspirar resultados

Lo que nos permite, a nosotros como profesionales del derecho, lograr:

  • Conocernos como profesionales para detectar nuestras fortalezas y debilidades, para ofrecer una propuesta de valor auténtica a nuestros clientes, diferenciándonos así de la competencia.
  • Descubrir como profesionales con qué sector de la sociedad queremos comprometernos (es una forma más efectiva de elegir una rama del derecho a la cual dedicarnos). 
  • Detectar qué emociones nos gatillan determinados casos.
  • Gestionar nuestras emociones para responder en forma efectiva y no reaccionar ante situaciones cotidianas profesionales. Ser proactivos y no reactivos. 
  • Entender a nuestro cliente; conocer sus problemas y desde ahí crear soluciones innovadoras para ayudarlo.
  • Brindar un acompañamiento que genere un valor agregado; empático, creando “una mejor experiencia al cliente”.
  • Gestionar esa empatía de forma que podamos ayudarle a solucionar su problema y no contagiarnos nosotros mismos de su emocionalidad.
  • Tener mejores resultados en general. Las emociones son predisposiciones para la acción, Cuando estamos entusiasmados o motivados trabajamos más y mejor y se nos “aparecen” oportunidades y posibilidades que con otros estados emocionales no aparecen.

El camino al desarrollo de la Inteligencia Emocional empieza por uno mismo

Antes de intentar comprender y gestionar las emociones en un otro, tenemos que ser capaces de conocer y gestionar nuestras propias emociones.

Para ello debemos empezar a prestar atención a las emociones que habitamos a diario, que realmente son muchas, y tratar de “ponerles nombre”, técnica que se conoce como “etiquetado”.

Luego, descubrir qué hay “detrás de cada emoción”, sabiendo que cada emoción es una señal, está ahí para brindarnos información.

Finalmente, tratar de gestionarla, con diversas técnicas, dependiendo el caso y citando solo algunas: evitar la situación que la desencadena; cambiar la situación que la genera; o cambiar mis pensamientos sobre esa situación (esto último muchas veces requiere ayuda externa)

Ese es el primer paso hacia el desarrollo de la inteligencia emocional intrapersonal. 

A partir de allí estaremos mejor preparados para comprender y gestionar las emociones de nuestros clientes, colegas o socios (inteligencia emocional interpersonal) 

Para ello resulta clave entender en primer lugar que nuestros clientes están atravesados (y a veces tomados) por emociones. Esto es lógico, si son nuestros clientes es porque tienen, en forma actual o eventual, un conflicto legal. Y nadie elige tener un conflicto legal. El cliente entonces: tiene derecho a sentir emociones. 

Nuestra función como abogados, si bien no es trabajar con esas emociones, ya que eso nos excede, sí es tenerlas en cuenta; comprenderlas y validarlas.

Luego tratar de “separarlas” para ayudarlo al cliente a tomar las decisiones que debe tomar, en base a nuestro asesoramiento, de la forma más clara posible, buscando pasar de “la posición” a la “necesidad”.

Estos conceptos, muy conocidos por los mediadores, parten del supuesto de que lo que el cliente dice querer muchas veces no es lo que realmente quiere o necesita; es lo que dice que quiere porque cree que es justo, porque está tomado por alguna emoción; pero muchas veces ni siquiera cubre su real necesidad.

Es nuestro desafío como abogados descubrir, por medio de la escucha activa y empática y por medio de una curiosa indagación, alternativas creativas para satisfacer el reclamo de nuestro cliente y, si es posible, llegar a un acuerdo con la o las otras partes involucradas. 

Estos son solo algunos ejemplos de los beneficios que trae el desarrollo de la Inteligencia Emocional para nosotros los abogados, la lista es mucho mayor, significando en definitiva ser una mejor oferta como profesionales y tener mejor calidad de vida. 

Finalmente y teniendo en cuenta ahora el avance de la inteligencia artificial; esta puede avanzar hasta el punto de hacer mejor que nosotros cualquier tarea técnica; pero nunca va a cubrir nuestra parte “humana”; ese es nuestro diferencial, nuestra humanidad; desarrollemos entonces como profesionales esa “humanidad” siendo precisamente más emocionalmente inteligentes.

María Eugenia Quehé

es abogada argentina con más de 13 años de experiencia en el ejercicio liberal de la profesión. Con participación activa en el ámbito de la colegiación y acompañando a colegas en ámbitos informales desde hace 5 años, docente, mediadora, coach ontológica, vocacional y de relaciones, y profesional certificada Genos en Inteligencia Emocional; ayuda a abogados a lograr: liderazgo y transformación a partir del Coaching y el desarrollo de la Inteligencia Emocional.

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